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Las sierras en conflicto por el agua, por Guillermo Lehmann

Primero fue el crecimiento desordenado y las autorizaciones amontonadas para emprendimientos inmobiliarios. Después vinieron las avalanchas de pedidos de conexión a la red de agua potable. Posteriormente la bajante del dique La Quebrada, la sequía de los arroyos afluentes. Luego la escasez de lluvias, y la construcción del camino de El Cuadrado que, algunos sospechan, incidirían en el caudal de los afluentes. Entremedio el retraso de envío de fondos para financiar obras complementarias. A pesar de ello, y con la excusa de que ahora el problema estaría resuelto por el suministro de agua desde La Calera, se continúa con el otorgamiento de nuevas conexiones. Y ahora, ante la bajante del embalse que se aproxima a los 12 metros, y un panorama más desalentador desde Salsipuedes hasta La Granja, en donde conviven con el alerta rojo, los vecinos empiezan a mirarse con desconfianza. La solución de llevar agua de un lugar para otro como un gesto solidario empieza a convertirse en una mueca de recelo porque puede afectar el suministro regular en cada población. Desde hace años las luces de este problema están encendidas. Las autoridades cuentan con diagnósticos contundentes sobre la crisis hídrica, sin embargo el frenesí inmobiliario no encuentra frenos. El pulso de quien firma las autorizaciones no tiembla. Esa es la fase más inquietante de esta crisis que empieza a derivar en incipientes conflictos por la captación y el uso del escaso recurso.

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