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Resistir ante el avance inmobiliario, por Guillermo Lehmann

Los casos de los vecinos de El Chavascate en Agua de Oro por el countrie de Candonga; Guardianes del monte en Mendiolaza con el caso El Terrón, y reserva Los Manantiales en Río Ceballos demuestran que el avance inmobiliario puede encontrar frenos a la connivencia de autoridades con inversionistas inmobiliarios.

De manera progresiva los viejos habitantes de las Sierras Chicas vemos con angustia como las verdes lomas se abren con grandes calles y luego pierden su vegetación con edificaciones. El argumento de que deben destinarse espacios para ofrecer a los nuevos habitantes se impone por sobre el cuidado del ambiente, el bosque nativo y las cuencas hídricas. El mercado inmobiliario en la última década marcó el pulso del crecimiento desordenado de las ciudades, y fijó la agenda de los grandes problemas que nos aquejan en la actualidad: falta de agua, interrupciones en el servicio de energía, colapso de calles y avenidas, insuficiencia de escuelas y atención de salud, pérdida de flora y fauna autóctona, entre otros. Sin embargo los casos de los vecinos de El Chavascate en Agua de Oro por el countrie de Candonga; Guardianes del monte en Mendiolaza con el caso El Terrón, y reserva Los Manantiales en Río Ceballos demuestran que el avance inmobiliario puede encontrar frenos a la connivencia de autoridades con inversionistas. La vieja lógica de que el dueño de la tierra puede hacer lo que quiera empieza a resquebrajarse ante la defensa de un bien común como es el ambiente. Ya casi rodeados por countries, housings, nuevos barrios y edificaciones en altura, la ciudadanía empieza a reaccionar con la promesa de defender con uñas y dientes el patrimonio natural que aún queda. Teléfono para los intendentes y emprendedores que hasta ahora sólo hablaron entre ellos, sin escuchar la preocupación que late en quienes procuramos vivir en aquel ambiente sano en que crecimos.

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