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Roguemos que llueva, por Guillermo Lehmann

Esta columna empezó en el frío julio de 1976. El gobernador de facto, Carlos Chasseing junto al intendente Tomás Campos inauguraron el dique La Quebrada. El embalse venía a asegurar agua potable para unos 15 mil habitantes de Río Ceballos, Unquillo y Mendiolaza. Por entonces el promedio anual de lluvia era de 700 milímetros. 15 años después, se habilitaba el acueducto que vincula a las tres localidades y comienza a funcionar la planta potabilizadora desde donde se distribuye el recurso.

El dique a -10,80 metros

El dique a -10,80 metros

En ese 1991 las municipalidades, a pedido de las cooperativas, obligaron por ordenanza a todos los vecinos a cerrar sus pozos y conectarse a la red. En su mayoría todos lo hicieron. En la década del ’90 la población ascendía aproximadamente a 27 mil habitantes. El régimen de lluvias se situaba en más de 900 milímetros por año, y era frecuente que se abrieran las compuertas del dique para impedir que rebalsara y provocara inconvenientes en el curso del arroyo. Es verdad, lo que cuento. El cambio climático desde el 2000 repercutió en la escasez de lluvias y un nuevo fenómeno apareció: la bajante crónica del dique. En marzo de 2005 el registro indicó que el descenso del embalse fue de 9,45 metros. Alerta, preocupación en la zona y en la provincia. Se anuncian obras complementarias, algunas se concretan. Pasaron un par de años con buen nivel de lluvias y la urgencia se disipó. En tanto la vuelta del siglo encontró a las localidades dentro de las de mayor crecimiento poblacional del Gran Córdoba. Mendiolaza que era una posta de paso con menos de mil habitantes pasó a tener más de 10 mil. Unquillo alrededor de 24 mil y Río Ceballos poco más de 26 mil. Una simple suma arroja que 60 mil personas viven en la zona. Cuatro veces más que aquella población que vivía en 1976 cuando se inauguró el dique La Quebrada. Entremedio no se concretó ninguna obra complementaria que acompañara el incremento poblacional. Octubre de 2009: el dique presenta una bajante de 10,50 metros y no deja de descender, el déficit de lluvias es de más de 700 milímetros. El embalse ya perdió casi la mitad de su capacidad y la desesperación empieza a surtir efecto en la comunidad que avizora un futuro sin agua. Demasiados datos, demasiadas señales para que las autoridades no comprendieran que el dique inaugurado en 1976 no iba a alcanzar en 2010 para darle agua a los habitantes de las tres ciudades. Roguemos que llueva.

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